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Música y cerebro. Cómo hacer música con personas con discapacidad

Música y cerebro. Cómo hacer música con personas con discapacidad
enero 11, 2019 Diego M. Pecharromán
musica y personas con discapacidad
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El artículo de hoy es fruto de un trabajo de investigación sobre los beneficios de la música en el cerebro. He revisado la literatura científica que he encontrado y he extraído los descubrimientos más relevantes. También te explicaré en qué consiste el taller de música que imparto con personas con daño cerebral sobrevenido.

Mi vida ha estado muy cerca del mundo de la discapacidad. Durante muchos años he trabajado como cuidador de personas con discapacidad. Siempre me ha gustado leer e investigar sobre cómo funciona el cerebro. Además que mi pareja es neuropsicóloga, asi que tengo en casa una buena fuente de conocimiento. 😉

No he estudiado Musicoterapia. No he tenido la oportunidad. Aunque me ha interesado desde siempre. He leído cuantos libros y artículos han caído en mis manos. Como el Compendio de Musicoterapia (vol. 1) de Serafina Poch y el volumen 2. Y he asistido a todos los cursos que he podido… Algún día caerá la breva y estudiaré este bella disciplina. Admiro mucho ese trabajo.

Pero si hay un libro que me marcó y recomiendo muchísimo es Quiero dejar de ser un dentro de mí de Birger Sellin. Un testimonio real de un niño con autismo, escrito por él. Me abrió los ojos y desde entonces veo a una persona con autismo y entiendo mucho más que es lo que ocurre.

Otro autor que me encanta es Oliver Sack, un gran maestro y divulgador. Su libro Musicofilia es una pasada. Junto al anterior son los dos libros imprescindibles si te gusta ampliar tu conocimiento en cuanto al cerebro.

Dicho esto, ¡comenzamos!

Evidencia científica

La actividad musical, ya sea a través de la escucha, la creación, la interpretación instrumental, el canto o el movimiento al ritmo de la música, influye en muchos aspectos de la persona ya que implica una combinación de funciones sensoriales, cognitivas y motoras. (Wan y Schlaug, 2010).

Según se ha demostrado, hacer música provoca una fuerte interacción de la percepción y la interacción mediada por las áreas cerebrales sensoriales, motoras y de múltiples dominios cognitivos. (Schlaug, 2010; Altenmuller y Schlaug, 2015). Además de poner en funcionamiento los sistemas de planificación, preparación y ejecución motora (Schlaug et al., 2010) y un gran número de áreas corticales y subcorticales están involucradas en actividades de escuchar o hacer música. (Tramo, 2001; Altenmüller & Pherson, 2007;  Altenmüller & Schlaug, 2015).

Para personas con problemas en el lenguaje la actividad musical puede ayudar a su recuperación ya que se ha demostrado mediante técnicas de neuroimagen que la música y el lenguaje comparten redes cerebrales. (Patel et al., 1998; Koelsch et al., 2002; Schon et al., 2004; Koelsch, 2005;  Ozdemir et al., 2006).

Las investigaciones durante los últimos 20 años sobre la influencia de la actividad musical en el cerebro ha demostrado que el cerebro de los músicos (personas que han aprendido a tocar un instrumento desde la infancia) es estructuralmente y funcionalmente diferente con respecto a los “no músicos”. (Habib & Besson, 2009; Frances & Sean, 2011). Así mismo, se ha demostrado que en cerebros adultos ya desarrollados, el aprendizaje musical intensivo puede producir cambios en las estructuras corticales y subcorticales, además de ayudar a preservar la materia gris y blanca durante el envejecimiento. (Sluming et al., 2002; Bangert y Altenmüller, 2003; Boyke et al., 2008; Altenmüller y Schlaug, 2015; Schlaug, 2015 ).

Por lo tanto, esta influencia de la actividad musical en el cerebro, destaca el potencial de los programas de rehabilitación que incluyen la música como herramienta de rehabilitación de las secuelas neurológicas consecuentes a una lesión cerebral, mediante la inducción de cambios plásticos en el cerebro a través de la creación e interpretación musical. (Lahav et al, 2007; Wan et al, 2010a, 2010b; Schlaug et al, 2010).

Por otro lado, las actividades musicales ofrecen grandes beneficios a nivel emocional y aumenta las comunicaciones e interacciones entre las personas (Altenmüller & Schlaug, 2015), además de tener una amplia gama de efectos fisiológicos en el cuerpo humano (Hodges, 2010; Kreutz et al., 2012), como el aumento de los niveles de serotonina cuando ante la exposición a música percibida como placentera (Evers & Shur, 2000). Por este motivo,  el empleo de la música como parte del proceso terapéutico, hace que éste sea más liviano y agradable para el paciente, y que en consecuencia, la persona se muestre más receptiva y adherida al tratamiento (Wan & Schlaug, 2010). Por lo tanto, las actividades musicales hacen que las terapias de rehabilitación sean más agradables y puedan favorecer la mejora de los procesos alterados o las conexiones neuronales al involucrar y vincular regiones cerebrales entre sí. (Schlaug, 2015).

Hacer música en grupo

Interpretar música pone en funcionamiento numerosas funciones cognitivas y requiere una participación activa, ya sea tocando un instrumento marcando un ritmo o improvisando, cantando una melodía o una letra previamente memorizada, o acompañando con gestos y movimiento la música. Algunas de las funciones que se activan son la memoria, la coordinación motora, el autocontrol, la iniciativa o la inhibición.

Además, en momentos puntuales, se requiere tocar un instrumento manteniendo un patrón rítmico a la vez que se canta una melodía cuyo ritmo es diferente, por lo que es necesario un alto grado de concentración, coordinación y atención dividida. ¡Es un gran ejercicio para nuestro cerebro!

Para llevar a cabo esta actividad con éxito es necesario mantener la atención y la concentración. Además, esta actividad tiene una fuerte repercusión en la motivación, la autoestima y en el grado de satisfacción por el resultado conseguido.

El taller de música con personas con daño cerebral sobrevenido

Llevo varios años realizando un taller de música con personas con daño cerebral en un centro de rehabilitación de Almería. El principal objetivo de este taller es hacer música en grupo e interpretar piezas musicales adaptadas a las capacidades individuales y a los instrumentos que se disponen.

Toda la música que hacemos es en directo, sin ningún apoyo tecnológico ni base musical pregrabada.

Se plantea la actividad como complemento lúdico para aumentar la autoestima y generar un estado de ánimo positivo que refuerce y facilite la predisposición del usuario para participar de manera activa en las diferentes sesiones del proceso terapéutico transdisciplinar (Neuropsicología, Logopedia y Fisioterapia) en el que se encuentran inmersos.

La canción como contexto

La canción me permite tener una estructura clara y lógica fácil de recordar. Toda canción se estructura en base a las estrofas y el estribillo, que se repite varias veces. Además se les puede incluir una intro y/o un interludio instrumental o solo improvisado.

Al ser un grupo tan heterogéneo en cuanto a capacidades cognitivas y motoras, las diferentes partes de la canción me permite asignar los roles en función de la capacidad de cada uno.

En la canción todo el mundo participa según su nivel y capacidad.

Para ser lo más inclusivo posible y que todos participen, dependiendo de las capacidades de cada uno y lo que requiere la música en cada parte de la canción voy asignando los roles dentro del grupo.

Por ejemplo, quién puede hablar bien y tiene buena memoria cantará las estrofas, quién tiene más dificultad para pronunciar se limitará a reforzar sólo una palabra en cada frase o a cantar el estribillo que es más repetitivo y sencillo.

Quién tiene mucha habilidad con los instrumentos melódicos y memoria se podrá aprender una melodía y tocarla en la intro o en el interludio instrumental.

Si no, la improvisación melódica es un recurso genial y muy bonito en la parte de los solos, donde se pueden hacer alternados o compartidos para crear mayor interacción entre los músicos.

Los instrumentos de percusión los distribuyo en grupos según el timbre e irán interviniendo según la parte de la canción para crear diferentes ambientes y texturas.

El uso del coro (una frase corta o palabra, o un tarareo) es un recurso genial para combinar mientras alguien hace un solo o rellenar algún espacio de la canción vacío, además muy fácil para que participen todos.

Los instrumentos que utilizo

La guitarra para dirigir y acompañar

La música interpretada es apoyada únicamente por mi guitarra para facilitar la entonación y marcar el ritmo.

Instrumentos de percusión (sonidos indeterminados)

Para llevar el ritmo, utilizamos instrumentos de percusión que no requieren apenas instrucción para ser tocados correctamente (huevos musicales ¡¡INSTRUMENTO ESTRELLA!!, sonajas de mano o sonajas de pie) y la percusión corporal.Huevos sonajeros egg shaker

A cada instrumento se el asigna un ostinato rítmico diferente y cuando todos tocan a la vez se produce un patrón polirrítmico, simulando una batucada.

Instrumentos de percusión (sonidos determinados)

Para tocar melodías utilizamos instrumentos de percusión con sonidos determinados (metalofóno y campanas musicales con pulsador) y la melódica. Todos estos instrumentos tienen el gran beneficio de ser extremadamente fáciles de usar.

Además se pueden configurar para eliminar aquellos sonidos disonantes, no diatónicos con respecto a la armonía que toca la guitarra. De esta forma, cuando alguien lo toque improvisando libremente el resultado sea muy gratificante para el intérprete y agradable para el grupo. Las campanas están afinadas en todas las notas con sostenidos y bemoles para tener la escala cromática y se pueden formar todas las escalas (mayores, pentatónicas…).

Para los metalófonos recomiendo este de Thomann ya que puedes quitar y poner las notas que necesites. Estas metalonotas básicas está muy bien aunque no puedes tocar en otra tonalidad diferente a DO MAYOR.Campanas musicales

También es muy divertido hacer música con los Boomwhackers.

La voz

El uso de la voz se utiliza para cantar una melodía (con o sin letra) o para hacer un ritmo con sonidos vocales.

Para cantar se establecen diferentes roles en función de las necesidades de la pieza a interpretar y de las capacidades del lenguaje de los miembros del grupo. Se intenta en todo momento facilitar la participación de todos los componentes del grupo a pesar de sus limitaciones lingüísticas por las secuelas del daño cerebral. Para ello se establecen diferentes niveles de complejidad en la parte cantada de la pieza.

  • Las estrofas (letra muy elaborada y poco repetitiva)
  • El estribillo (letra menos elaborada y muy repetitiva)
  • El coro (frase musical melódico-rítmica muy sencilla con una vocal, sílaba o monosílabo que se repite varias veces seguidas). O bien se repite entre estrofa y estribillo, o en segundo plano durante el solo instrumental improvisado.

En función de la capacidad para articular palabras, reproducir frases largas, o memorizar estrofas completas, se divide el grupo en cantantes solistas o coro. Se utiliza mucho la repetición a coro de una misma frase cantada primero por un solista y repetida por el coro después.

Se establecen diferentes niveles de volumen de sonido que se emite con la voz o con el instrumento, lo que en términos musicales se conoce como dinámica o matiz. Esto exige un autocontrol de la fuerza del golpeo y la conciencia del tono de voz.

Mis conclusiones

Hacer música en grupo, ya sea con instrumentos o con la voz, es una actividad muy beneficiosa para la persona ya que implica multitud de funciones sensoriales, cognitivas y motoras de manera simultánea. Además, tiene una repercusión positiva en la autoestima y la motivación, así como facilita la comunicación e interacción interpersonal.

Además, según las últimas investigaciones, aprender a tocar un instrumento puede inducir cambios estructurales y funcionales en el cerebro incluso en cerebros ya adultos.

Los resultados musicales conseguidos con este grupo han sido muy emocionantes. Se me ponen los pelos de gallina (o la piel de punta, o como sea ;P ) cada vez que tocamos en directo para un público. Es increíble ver las caras de satisfacción y lo bonito que suena. Y todo es gracias al grupo. La suma de lo mejor de cada uno hace que la música sea maravillosa.

Y hasta aquí. Si te ha gustado y te ha dado ideas, cuéntamelo en los comentarios. Y si lees alguno de los libros que te he recomendado dímelo y lo comentamos. Yo me enamoré de Biger Sellin. ^_^

¡Un abrazo y que tengas un increíble vida musical!

PD: si necesitas la bibliografía de alguno de los artículos escríbeme a disfruta@supervivenciamusical.com . 😉

 


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Esther G.M
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Hola, Diego. Me ha encantado tu artículo, gracias por compartir.

La música tiene un gran poder en la salud y para sociabilizar.
Estuve de voluntaria en un taller de música (Escuela de rock) con personas con pci y leerlo me ha traído muy buenos recuerdos, también se me ha puesto la piel de gallina 🙂

Ahora que es la feria del libro voy a aprovechar para leer a Biger Sellin.

¿Los Bomwhackers son para tocar con los pies?

Un abrazo crack